Un aumento significativo en el estudio de la sexualidad humana y la IA
Un equipo liderado por Nicola Döring, profesora de Psicología de los Medios y Diseño de Medios en la Technische Universität Ilmenau, Alemania, ha documentado un aumento notable en los estudios académicos entre 2020 y 2024. Estos trabajos examinan los efectos potenciales de la inteligencia artificial (IA) en la sexualidad humana. Según su revisión narrativa, millones de personas usan herramientas de inteligencia artificial generativa (IA Gen) en su vida diaria, incluyendo contextos sexuales, resaltando la creciente aceptación e interés en las relaciones entre humanos e IA.

Metodología y preocupaciones analizadas
¿Qué aporta la inteligencia artificial en este campo?
De las 88 investigaciones revisadas, 36 se centraron en la producción y uso de pornografía «deepfake» no consensuada y las medidas para contrarrestarla. Además, 22 estudios abordaron las interacciones eróticas con chatbots, señalando riesgos como la dependencia emocional. Este aumento en la investigación refleja una aceptación gradual de las relaciones emocionales y sexuales entre humanos e inteligencia artificial.
El equipo limitó su búsqueda a bases de datos como PubMed, Scopus y Google Scholar. Algunos temas de preocupación incluyeron cómo las relaciones con chatbots eróticos pueden influir en la soledad y cómo evolucionan estas relaciones con el tiempo, desde la atracción inicial hasta la ruptura.

El impacto a largo plazo
Mirando hacia el futuro
Aunque el equipo no realizó investigaciones originales, su análisis destaca vacíos en estudios previos, señalando oportunidades para explorar más a fondo los beneficios y riesgos de estas interacciones. La investigación creciente indica que estas relaciones podrían ser más saludables y aceptadas de lo que muchos temen.

Parafraseando a Oscar Wilde: “Lo único peor que ser hablado es no ser hablado”. El incremento en estudios podría revelar aspectos positivos de estas relaciones, promoviendo la comprensión y desestigmatización. Los próximos cinco años podrían ser cruciales para comprender por qué estas interacciones son cada vez más populares y saludables.
